Una nueva tecnología de sensores podría ayudar a los automóviles y aviones a detectar hielo negro antes de que sea demasiado tarde.
Conducir en invierno suele ser una experiencia estresante, principalmente por los peligros invisibles. El hielo negro tiene la desagradable costumbre de parecer pavimento mojado hasta el momento en que los neumáticos pierden agarre. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan trabaja en una solución tecnológica que podría eliminar eficazmente ese factor sorpresa tanto para conductores como para pilotos. Han desarrollado un nuevo sistema de doble sensor diseñado para detectar condiciones peligrosas de hielo mucho antes de que el ojo humano, o incluso los sensores de seguridad actuales, las detecten. Esta innovación ya se ha probado en el cielo y ahora se está adaptando a la carretera, ofreciendo una forma proactiva de prevenir los miles de accidentes relacionados con el clima que ocurren cada año.
La genialidad de este sistema reside en cómo combina dos tipos de tecnología de detección completamente diferentes para obtener una imagen completa del entorno.
La primera parte de la ecuación es un sensor de microondas. A diferencia de las sondas toscas y salientes que se pueden ver en aviones antiguos, este sensor está diseñado para encajar a ras del revestimiento de un avión o la carrocería de un coche. Funciona como una piel electrónica sensible, monitorizando continuamente la superficie. Al medir cambios sutiles en las señales de microondas, puede detectar el momento exacto en que el agua empieza a congelarse o a acumularse, proporcionando datos en tiempo real sin afectar la aerodinámica del ala.
El segundo componente actúa más como un explorador. Se trata de un sensor óptico láser que emite tres haces distintos de luz infrarroja al aire. Su función es analizar la reflexión y la absorción de dichos haces para determinar con exactitud qué flota en la atmósfera. Puede distinguir al instante entre cristales de hielo sólido, que podrían rebotar en un parabrisas, y gotas de líquido superenfriado, increíblemente peligrosas porque se congelan al instante al contacto. Para un piloto que vuela en un banco de nubes, conocer la diferencia entre una niebla inofensiva y una trampa de congelación es una información crucial que actualmente no es fácil de obtener.
Los riesgos para este tipo de tecnología son increíblemente altos.
En nuestras carreteras, el hielo invisible es un factor en casi el veinte por ciento de todos los accidentes relacionados con el clima. Toma a los conductores completamente desprevenidos, sin darles tiempo para reaccionar. En el mundo de la aviación, la acumulación de hielo en las alas y los sensores está relacionada con aproximadamente el diez por ciento de los accidentes aéreos mortales, ya que puede arruinar la sustentación que un avión necesita para mantenerse en el aire. El equipo de la Universidad de Michigan intenta reducir la brecha entre "pensar que es seguro" y "saber que es seguro".
Para la persona promedio, esta tecnología podría eventualmente cambiar el comportamiento de nuestros autos en invierno. Imagine un futuro donde su vehículo no solo reaccione cuando usted empieza a derrapar, sino que detecte el hielo negro que tiene delante y ajuste automáticamente el control de tracción o accione suavemente los frenos antes de que usted siquiera se dé cuenta de que hay un problema. Los investigadores ya han probado estos sensores en aeronaves científicas con resultados prometedores. Ahora, el enfoque se está centrando en reducir la tecnología y perfeccionarla para automóviles y un uso más amplio en la aviación. Si tienen éxito, esto podría convertirse en una característica estándar en la próxima generación de transporte, convirtiendo uno de los peligros más peligrosos de la naturaleza en algo manejable.
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